Eventos federativos

Aprender a mirar desde los márgenes: la invitación del Coordinador General de Fe y Alegría Internacional en el Congreso

“No basta con llevar educación a los márgenes. Tenemos que aprender a mirar desde ellos, dialogar desde ellos y permitir que lo que allí descubrimos transforme nuestra manera de ser Fe y Alegría”. Con estas palabras, Daniel Villanueva, SJ, coordinador general de Fe y Alegría Internacional nos invitó a descubrir juntos qué nos enseñan los márgenes sobre la educación que necesitamos construir. Les compartimos su discurso de apertura completo.

50 Congreso Fey Alegría
Daniel Villanueva, SJ | October 28, 2026

Queridas compañeras y compañeros de Fe y Alegría:

Quisiera comenzar compartiendo una convicción que he repetido mucho en estos años: los congresos son uno de los momentos en los que Fe y Alegría expresa con mayor profundidad lo que significa ser Movimiento. Son espacios privilegiados de diálogo federativo, para mirar juntos la realidad, contrastar experiencias, cuestionar certezas y discernir hacia dónde caminar. No venimos simplemente a hablar de un tema, sino a seguir construyendo una comprensión compartida de nuestra misión.

Por eso tiene especial importancia. En un mundo cada vez más fragmentado, dialogar, compartir saberes y experiencias desde los contextos, es una de las tareas más necesarias y difíciles que tenemos por delante. En pleno auge de la IA, vivimos rodeados de información, pero no siempre de comprensión. Tenemos más posibilidades que nunca de comunicarnos, pero nos cuesta escucharnos, reconocer nuestras limitaciones y encontrarnos con quienes piensan distinto. En esto radica una de las dimensiones más proféticas que conlleva el mero existir de FyA: escuchar, dialogar. interpelarnos e innovar..

Arturo Sosa recordaba que «el diálogo es el método propio de nuestra tradición humanista jesuita». El papa Francisco en Fratelli tutti: «Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto». Dialogar no es simplemente buscar acuerdos: es buscar juntos la verdad y dejarnos transformar por el encuentro.

Para Fe y Alegría, esta convicción está en el corazón de nuestra identidad. Paulo Freire insistía que el diálogo era una condición existencial, nos enseñó que «sin el diálogo no hay comunicación y sin comunicación no hay verdadera educación». «El diálogo es una condición epistemológica para el conocimiento.» El padre Vélaz comprendió desde los orígenes que nuestro Movimiento sólo podía construirse con y desde las comunidades, reconociendo sus aspiraciones y su protagonismo. Nuestro Marco de EP recoge esta misma intuición en el diálogo de saberes: nadie lo sabe todo y nadie lo ignora todo. Ahí reside una de las mayores fuerzas transformadoras de nuestra educación.

Por eso, no hemos venido solamente a compartir experiencias o elaborar conclusiones. Hemos venido a dialogar como Movimiento sobre la Educación Popular en los márgenes del sistema. Y este diálogo no comienza hoy. Durante meses, en 18 países, nuestras comunidades de aprendizaje han reflexionado sobre quienes quedan fuera de la educación, se han estudiando a fondo 121 propuestas educativas que ya estamos construyendo y explorado los caminos que necesitamos abrir. Traemos a Lima una conversación viva en toda la Federación. Ahora nos toca profundizarla y dejar que lo aprendido transforme nuestra manera de educar y de ser Fe y Alegría.

Aprender a mirar la fragilidad

El Papa León, quien en repetidas veces ha insistido en la necesidad de promover el diálogo en todos los niveles enfatizando que “el diálogo es una parte esencial de la vida humana,” afirmaba hace apenas dos semanas que “la fragilidad merece una atención especial”. Este foco en la fragilidad, esta mirada preferencial hacia la población más vulnerada (o hacia quienes encuentran mayores barreras para ejercer sus derechos), es esencial para cualificar el diálogo de Fe y Alegría. Esta es la razón de este congreso, preguntarnos: ¿qué tipo de escuela encuentran las personas cuando su vida se vuelve más frágil? ¿Qué tipo de Fe y Alegría encuentran quienes más dificultades tienen para ejercer su derecho a aprender?

Porque si algo nos ha mostrado el diálogo de estos meses es que la exclusión educativa tiene muchos rostros. Está en la joven que abandona sus estudios para trabajar o cuidar a sus hermanos. En la madre que quisiera volver a estudiar, pero no encuentra una propuesta compatible con su vida. En el niño migrante cuya trayectoria se interrumpe al cruzar una frontera. En las comunidades indígenas cuya lengua y cultura apenas encuentran lugar en el currículo. En las personas con discapacidad para quienes abrir la puerta de la escuela no significa necesariamente abrir la posibilidad de aprender.

Los márgenes no son solamente lugares geográficos ni colectivos determinados. Son también el resultado de barreras que nuestras sociedades y nuestros propios sistemas educativos siguen produciendo. Atender a la fragilidad no es definir a las personas por sus carencias, sino reconocer sus capacidades, sus saberes y su dignidad, y preguntarnos qué barreras tenemos que transformar para que puedan desarrollarlos plenamente.

Lo que estamos aprendiendo desde los márgenes

Quisiera reconocer aquí la enorme creatividad que existe en nuestro Movimiento. En Chad, comunidades rurales construyen y sostienen sus propias respuestas educativas, acompañadas por Fe y Alegría. En Bolivia, una experiencia de inclusión de estudiantes sordos ha abierto caminos desde la educación especial hasta la formación técnica y superior. Aquí mismo, en Perú, acercamos la educación de jóvenes y adultos a trabajadores de empresas agroexportadoras para que puedan estudiar sin abandonar sus medios de vida. En Panamá acompañamos a niños y niñas en movilidad humana para que el desplazamiento no rompa completamente su vínculo educativo.

Son experiencias muy distintas, pero comparten una intuición profundamente nuestra: no siempre son las personas quienes tienen que adaptarse a la educación que ofrecemos. Muchas veces es la educación la que tiene que cambiar para responder a la vida de las personas. Y las conversaciones de estos meses están poniendo de relieve tres aprendizajes que me parecen especialmente importantes.

  • El primero es que el cuidado y la formación integral son esenciales en nuestra educación. No basta con ofrecer una modalidad flexible o una segunda oportunidad. Educar es acompañar a la persona en todas sus dimensiones: sus aprendizajes, sus vínculos, su bienestar emocional, su espiritualidad y su búsqueda de sentido y trascendencia. Necesitamos comunidades educativas que generen confianza, pertenencia y esperanza.
  • El segundo es que el territorio no es solamente el lugar donde educamos, sino una fuente de conocimiento. Las comunidades tienen memoria, lenguas, cultura, saberes y capacidades que deben formar parte de nuestra propuesta.
  • Y el tercero es que la inclusión nos exige transformar nuestra propia manera de educar. Revisar horarios, currículos, espacios, modalidades y formas de acompañamiento. No se trata solamente de abrir las puertas de nuestras instituciones, sino de cambiar aquello que impide a muchas personas permanecer, aprender y continuar sus trayectorias.

Estos tres aprendizajes nos recuerdan algo central de nuestra identidad de Educación Popular: no basta con llevar una oferta educativa allí donde no la hay. Tenemos que escuchar, reconocer los conocimientos que ya existen, construir respuestas con las comunidades y estar dispuestos a que ese encuentro transforme nuestras propias prácticas.

Los márgenes son lugares a los que Fe y Alegría tiene que llegar y desde los cuales tiene mucho que aprender. Lo que allí sucede, dentro y fuera de nuestras escuelas, nos invita a ampliar la mirada: reconocer otras formas de aprender, otros espacios educativos y nuevas oportunidades a lo largo de la vida.

Desde ahí se abren también nuevas fronteras para nuestra misión. Podemos reconocer desafíos que están surgiendo, explorar otras formas de presencia y renovar nuestra manera de educar y de ser Fe y Alegría. Quizá en esos márgenes ya estén naciendo algunos de los caminos de la educación que necesitamos construir y hacia donde debemos de ir como movimiento.

Fotografía Fe y Alegría Haití

Las grandes preguntas que tenemos por delante

Desde esta perspectiva, quisiera proponer cuatro grandes preguntas que deberían acompañarnos durante estos días.

  • La primera: ¿a quiénes seguimos dejando fuera? No basta con preguntarnos cuántas personas están matriculadas, sino quiénes permanecen, quiénes aprenden de verdad, quiénes consiguen continuar. Miremos nuestras propias instituciones: ¿qué realidades no estamos viendo? ¿A quiénes todavía no estamos llegando? ¿Qué barreras seguimos reproduciendo sin ser conscientes de ello?
  • La segunda: ¿qué tiene que cambiar en nuestra manera de educar? Muchas de nuestras experiencias más innovadoras nacieron porque alguien decidió modificar un horario, reconocer otros saberes o acompañar de otra manera una trayectoria. ¿Estamos dispuestos a revisar nuestras propias prácticas para que la inclusión no sea una declaración, sino una realidad?
  • La tercera: ¿cómo damos verdadero protagonismo a quienes viven en los márgenes? No podemos seguir hablando de las personas excluidas sin ellas. ¿Cómo hacemos para que su voz esté presente no solo en el diseño de nuestras propuestas, sino también en nuestras conversaciones y decisiones?
  • Y la cuarta: ¿qué podemos hacer juntos que no estamos pudiendo hacer hoy? Tenemos experiencias extraordinarias, pero muchas siguen siendo locales, poco conocidas o dependientes de esfuerzos y financiamientos temporales. ¿Cómo convertimos esa riqueza en conocimiento compartido? ¿Cómo construimos capacidades federativas sin homogeneizar las respuestas? El desafío es conseguir que el conocimiento y las capacidades de nuestros países circulen, se compartan y puedan ser recreados por otros. Que nuestra enorme diversidad se convierta en una verdadera fuerza colectiva.
Fotografía Fe y Alegría Guatemala

Un Congreso que nos transforme

Estas preguntas nos plantean un desafío de fondo: pasar de la riqueza de nuestras experiencias a una mayor capacidad colectiva de transformación. Necesitamos levantar la mirada, leer los cambios del mundo y discernir qué educación queremos impulsar y qué podemos hacer mejor juntos. Porque ser fieles a nuestra identidad de Educación Popular no significa repetir lo que siempre hemos hecho, sino atrevernos a cambiar para responder a nuevas realidades y ampliar continuamente las preguntas desde las cuales interpreta la realidad para transformarla.

Reengendrar la Compañía decía Arrupe aquí mismo en Lima en 1979, “no vivir de reliquias pasadas ni estructuras rígidas sino nacer de nuevo diariamente desde el carisma”

Ojalá este Congreso sea un ejercicio de diálogo profundo y valiente que nos ayude a reengendrar Fe y Alegría, que nos ponga en modo estratégico para los diálogos que durante el 2027 nos llevarán a un nuevo Plan Global de Prioridades Federativas. Que no vengamos solamente a confirmar nuestras certezas, sino a dejarnos sorprender, cuestionar y transformar por lo que escuchamos.

Fe y Alegría nació de una convicción sencilla y radical: que la educación puede transformar la vida de las personas y que las comunidades pueden construir su propio futuro.

Hoy esa convicción nos pide dar un paso más. No basta con llevar educación a los márgenes. Tenemos que aprender a mirar desde ellos, dialogar desde ellos y permitir que lo que allí descubrimos transforme nuestra manera de ser Fe y Alegría. Quizá sea una de las tareas más importantes de estos días: lograr un verdadero diálogo que nos permita descubrir juntos qué nos están enseñando los márgenes sobre la educación que necesitamos construir y sobre la Fe y Alegría que queremos y necesitamos ser. Con esta esperanza, declaro oficialmente inaugurado nuestro Congreso Internacional.

Muchas gracias.


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