Emergencia

Ante el terremoto, escuelas abiertas

El Coordinador General visitó a Fe y Alegría Venezuela para acompañar su respuesta educativa y comunitaria después del terremoto y nos narra su experiencia profundamente conmovedora que nos recuerda que educar también es proteger, cuidar y ayudar a reconstruir la esperanza, y que reconstruir una escuela significa mucho más que levantar sus paredes.

Fotografía: Fe y Alegría Internacional
Daniel Villanueva, SJ | October 13, 2026

Del 7 al 14 de septiembre tuve la oportunidad de visitar Fe y Alegría Venezuela para conocer de primera mano la respuesta que nuestros equipos están desarrollando después de los  devastadores terremotos que han golpeado al país. Fueron días intensos de encuentros, visitas a escuelas, conversaciones con docentes y familias, y trabajo con los equipos que están sosteniendo la respuesta educativa y humanitaria.

Fotografía: Fe y Alegría Internacional

La primera imagen de la emergencia llegó incluso antes de aterrizar. Desde el avión podían verse amplias zonas de edificios derrumbados y escombros en la zona de Catia la Mar. Pero fue al recorrer las calles de Caraballeda, en La Guaira, cuando pude comprender algo de la verdadera dimensión de la tragedia. Caminamos entre edificios completamente destruidos, mientras los equipos de rescate continuaban trabajando y algunas familias permanecían junto a las ruinas esperando recuperar los cuerpos de sus seres queridos. Es difícil encontrar palabras para describir la intensidad del dolor concentrado en estos pocos kilómetros de mayor afectación.

En medio de esta realidad, visitar las escuelas de Fe y Alegría fue una experiencia profundamente conmovedora. No solamente por los daños materiales, sino sobre todo por las pérdidas humanas y por la extraordinaria respuesta de nuestros equipos educativos.

Fotografía: Fe y Alegría Internacional I Recorrido por centros educativos afectados por el terremoto.

Una escuela abierta cuando más se necesita

Lo que más me llamó la atención fue el programa Escuela Abierta, la respuesta educativa que Fe y Alegría Venezuela puso en marcha durante las primeras semanas posteriores al terremoto. 

Durante cinco semanas, siete centros educativos abrieron sus puertas tres días por semana para acoger a niños, niñas y familias de sus comunidades, independientemente de que estuvieran matriculados o no en nuestras escuelas. Muchos docentes regresaron voluntariamente durante sus vacaciones para acompañar a quienes estaban atravesando momentos especialmente difíciles.

Fotografía: Fe y Alegría Internacional I Actividades de “Escuela Abierta”.

Tuve la oportunidad de conocer esta experiencia en tres centros: Juan Pablo II, en El Limón; Simón Bolívar, en Caraballeda; y Abraham Reyes, en Catia. Encontré escuelas llenas de vida, juegos, dibujos, actividades compartidas y espacios donde los niños y niñas podían expresar lo que habían vivido. En las paredes aparecían sus emociones, sus miedos, sus recuerdos y también sus esperanzas. En varios lugares me encontré con un Árbol de la Esperanza, donde los pequeños expresaban aquello que querían volver a cultivar después de la tragedia.

El lema de la propuesta resume muy bien su sentido: «Jugamos, aprendemos, nos cuidamos y estamos listos para volver a clase». Escuela Abierta combina acompañamiento psicosocial, preparación ante riesgos y emergencias, y recuperación progresiva de las rutinas y vínculos necesarios para regresar a las aulas. Pero, sobre todo, expresa una convicción profundamente nuestra: una escuela no es solamente un lugar donde se imparten clases. Es también un espacio de protección, comunidad, cuidado y esperanza.

Fotografía: Fe y Alegría Internacional I Actividades de “Escuela Abierta”.

Me emocionó especialmente leer los mensajes de agradecimiento de muchas familias que reconocían haber encontrado allí un acompañamiento que no habían podido encontrar en otros espacios de sus comunidades.

Caraballeda: cuidar a quienes cuidan

Probablemente el momento más intenso de la visita fue el encuentro con las docentes del Colegio Simón Bolívar de Caraballeda, una de las comunidades educativas más duramente golpeadas por el terremoto.

Treinta estudiantes de este colegio perdieron la vida en los terremotos, además de familiares, vecinos y personas muy cercanas a la comunidad escolar. Detrás de esta terrible cifra hay una enorme densidad de nombres, rostros, historias y vínculos construidos durante años.

Las docentes estaban reunidas preparando el regreso a clases cuando llegamos. Me invitaron a compartir un rato con ellas y pude transmitirles el cariño y la solidaridad de toda la Federación Internacional de Fe y Alegría. Difícilmente olvidaré la conversación que tuvimos. Durante casi una hora fueron compartiendo su dolor, recordando a los niños y niñas que ya no volverían, expresando sus miedos ante el regreso a las aulas y la enorme dificultad de acompañar a sus estudiantes cuando ellas mismas continúan profundamente heridas.

Fotografía: Fe y alegría Internacional I UEP Simón Bolívar: encuentro con docentes de Caraballeda.

Me impresionó comprobar hasta qué punto estas maestras viven la escuela como una verdadera comunidad de afectos. Lloraban a sus alumnos como se llora a personas de la propia familia, y en ese dolor se hacía visible también algo muy profundo de la identidad de Fe y Alegría: los vínculos educativos no se reducen a una relación profesional, sino que están hechos de cercanía, pertenencia y cuidado.

Salí convencido de que necesitamos cuidar a quienes cuidan. No podemos pedir a nuestras docentes que acompañen el duelo de sus estudiantes sin ofrecerles también a ellas espacios de escucha, apoyo psicológico y tiempo para reconstruirse.

Después de una tragedia así, regresar a la escuela no puede significar simplemente recuperar cuanto antes el calendario académico. Volver puede significar encontrarse, llorar juntos, jugar, recuperar la confianza, reconstruir vínculos y comenzar lentamente a imaginar de nuevo el futuro.

Terminé el día convencido de que la recuperación de las comunidades educativas llevará mucho más tiempo que la reparación de los edificios.

Una respuesta que moviliza toda la capacidad de Fe y Alegría

Durante la visita pude reunirme también con Goyo y los equipos de Programa Escuela, Servicios, Fe y Alegría Universidad e IRFA, además de quienes están coordinando la emergencia desde la Provincia de Venezuela.

Me encontré con una organización que, estando ella misma profundamente afectada, ha sido capaz de movilizar una respuesta considerable: acompañamiento educativo y psicosocial, intervenciones de infraestructura, preparación ante nuevas emergencias, formulación de proyectos, movilización de recursos y coordinación con otras instituciones.

La respuesta se está articulando alrededor de la continuidad educativa, la recuperación de espacios escolares, la protección y bienestar de las comunidades y la preparación ante desastres. Hay centros priorizados, proyectos en marcha y necesidades importantes que todavía requieren acompañamiento y financiación.

Fotografía: Fe y Alegría Internacional I Daniel Villanueva, SJ, y José Gregorio Terán, SJ, durante su encuentro en Venezuela.

Me parece especialmente valioso el esfuerzo de la Provincia de Venezuela por construir una respuesta conjunta entre distintas obras de la Compañía de Jesús, coordinada desde Unidos en la Misión. Fe y Alegría, el Servicio Jesuita a Refugiados, la Universidad Católica Andrés Bello y otras instituciones están poniendo sus capacidades al servicio de una misión compartida, con el acompañamiento de aliados nacionales e internacionales. No es un trabajo sencillo, pero constituye una oportunidad extraordinaria para aprender a responder juntos, sumando la experiencia y las fortalezas de cada institución.

Mi impresión después de estos días es que Fe y Alegría Venezuela ha conseguido desarrollar una respuesta mucho más amplia y sólida de lo que quizá sus propios equipos alcanzan a reconocer en medio del cansancio y las dificultades. Quise transmitirles especialmente nuestro agradecimiento por todo lo que están haciendo y por la calidad humana y profesional con la que están acompañando a sus comunidades.

Una experiencia que interpela a toda la Federación

Regreso de Venezuela con mucho dolor por lo que he visto, pero también con una profunda admiración por nuestros equipos y por la fuerza de las comunidades educativas.

La experiencia de Escuela Abierta nos deja aprendizajes que trascienden esta emergencia. Nos recuerda que, cuando una comunidad atraviesa una catástrofe, la educación puede desempeñar un papel esencial mucho antes de que sea posible recuperar la actividad académica ordinaria. Teniendo en cuenta que en estos meses tenemos activadas emergencias no sólo en Venezuela sino también en Colombia y en Nepal, esta situación nos invita a preguntarnos cómo fortalecer, como Federación, nuestra capacidad para acompañar educativamente a las comunidades en situaciones de emergencia.

Fotografía: Fe y Alegría Internacional I Actividades de “Escuela Abierta”.

Venezuela tiene mucho que aportar a esta reflexión. Su experiencia educativa, sus equipos técnicos, su universidad, sus radios y su presencia territorial son una riqueza que debemos poner cada vez más al servicio del conjunto del Movimiento.

Pero, por encima de todo, me llevo los rostros de las docentes de Caraballeda, la alegría de los niños y niñas jugando en Escuela Abierta y el compromiso de tantas personas que, aun estando ellas mismas afectadas, han decidido seguir acompañando a los demás.

Quizá una de las expresiones más profundas de nuestra misión durante estas semanas haya sido precisamente esa: mantener abiertas las puertas de nuestras escuelas cuando tantas cosas alrededor se habían derrumbado.

Porque reconstruir una escuela es mucho más que levantar sus paredes. Es ayudar a una comunidad a recuperar la confianza, los vínculos y la esperanza de que todavía es posible construir un futuro juntos.


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