“Que nos vean que sí somos capaces”: niñas de cuatro países desafían estereotipos
En 31 escuelas de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Perú, 920 niñas y adolescentes aprenden a reconocerse, protegerse frente a la violencia y liderar procesos de sensibilización sobre identidad, igualdad y prevención de la violencia en su comunidad educativa, gracias a la campaña La Luz de las Niñas, impulsada por Fe y Alegría junto a Entreculturas.
“Nadie tiene el derecho de decir quién soy yo, de definirme como persona. La única persona que puede decidir quién soy y definirme como persona soy yo misma”, afirma una participante de 13 años de octavo grado en Nicaragua.
Hace poco, esa seguridad no formaba parte de su vida cotidiana. En su lugar estaban la vergüenza, el miedo y la preocupación constante por lo que opinaran los demás.
Su voz es la mejor manera de conmemorar el Día Internacional de la Niña, que las Naciones Unidas proclamó en 2011 para recordar que nacer niña sigue siendo, en muchos lugares, sinónimo de desigualdad, silencio y riesgo. En Fe y Alegría elegimos celebrarlo como mejor sabemos: contando lo que ocurre en nuestras aulas y dejando que sean las niñas quienes lo cuenten.
La campaña La Luz de las Niñas “Nuestra Luz Brilla” que impulsamos junto a Fe y Alegría España – Entreculturas que este año llega a 31 centros educativos de los cuatro países. Participan de manera directa 920 niñas y adolescentes, y más de 8.000 niñas se benefician de manera indirecta de las acciones de sensibilización y protección que se desarrollan en sus escuelas. Este impacto es posible gracias al compromiso de direcciones de centros, docentes, psicólogas y equipos técnicos de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Perú.
Un espacio seguro para decir lo que antes callaban
La apuesta tiene tres líneas que se refuerzan entre sí: visibilizar la desigualdad que viven las niñas, protegerlas frente a las violencias y favorecer su empoderamiento. Para llevarlas a la práctica, los centros desarrollan talleres de crecimiento personal con guías metodológicas propias y sesiones grupales de acompañamiento psicosocial, facilitadas por psicólogas en la misma escuela. Estos espacios se complementan con conversatorios, talleres de oratoria y expresión artística, la formación de comités escolares y el trabajo con docentes, madres y padres de familia.

Los resultados comienzan por la mirada que las niñas tienen de sí mismas.
“Sinceramente, yo solo miraba mis errores, no miraba qué cosas puedo hacer”, recuerda una estudiante de 11 años de El Salvador.
Otra participante, de Nicaragua, cuenta que tras los talleres “dejé de lado la vergüenza y el miedo, y el preocuparme por lo que van a opinar los demás; empecé a pensar qué opino yo de mí misma”.
“Si algo no me hace bien, necesito alejarme de eso o ponerle un alto”. Estudiante de 13 años.

Ese reconocimiento se traduce en herramientas concretas de protección. Las niñas aprenden a identificar señales de alerta, a poner límites y a buscar ayuda. “No nos tenemos que quedar calladas si nos pasa algo”, repiten en distintos momentos. Para las psicólogas que las acompañan, el avance es significativo: las sesiones de terapia grupal permitieron que muchas hablaran por primera vez de situaciones de abuso, acoso o violencia, desmontaron mitos sobre el noviazgo y reforzaron su capacidad de pedir apoyo. Dalia Margarita Espinoza, psicóloga. Las propias niñas lo formulan con claridad:
“Me gustaría cambiar cómo ven a las niñas, porque las ven como algo frágil. Que nos vean que sí somos capaces de hacer cosas que ellos no creen que podemos”.
De niña a niña
Una de las claves del proceso es su metodología entre pares. Las participantes dejan de ser solo receptoras y se convierten en referentes: preparan sus propios materiales, visitan otras aulas y facilitan espacios de sensibilización sobre identidad, igualdad y prevención de la violencia con sus compañeras y compañeros.
“Nosotras hacíamos nuestro propio material e íbamos a las aulas a presentar todos los temas”, cuenta una estudiante de Perú.
En el camino han tejido además una red de confianza y sororidad:
“Ahora puedo hablar con más niñas que antes no conocía. Las conocí en la Campaña”.
La mirada de quienes las acompañan
Las docentes confirman, desde su experiencia, lo que las niñas relatan.
“Lo que he estado observando son niñas más autónomas, que pueden expresarse libremente, que no tienen miedo de hablar de lo que sienten”, señala una maestra de secundaria de Nicaragua.
El impacto trasciende a las niñas: desde la escuela se forma a las familias y a toda la comunidad educativa para prevenir la violencia y actuar a tiempo.
Los avances que hoy celebramos son, sobre todo, el resultado de que alguien escuchó a las niñas y les creyó. En Fe y Alegría entendemos que empoderar no es dar la palabra a quien no la tiene, sino crear las condiciones para que ninguna niña tenga que pedir permiso para ejercerla. Este 11 de octubre renovamos ese compromiso con las mismas palabras con las que las niñas lo plantean: “Tenemos derecho a elegir nuestro futuro. Queremos jugar, aprender y crecer.”

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