¿Por qué los jóvenes abandonan la escuela y cómo prevenirlo?
Jóvenes de la Red Generación 21+ de Fe y Alegría señalaron que la pobreza, la discriminación, la falta de oportunidades y las metodologías poco atractivas alejan a los jóvenes de las aulas, y proponen cómo transformarlo.
Durante agosto, las juventudes reflexionaron sobre las situaciones que afectan el aprendizaje y la permanencia educativa. En Colombia, estas reflexiones se llevaron a los territorios durante el 29A, una jornada nacional de movilización articulada con la Red Generación 21+.
¿Qué situaciones impiden que niñas, niños y jóvenes puedan aprender con dignidad? ¿Qué violencias hemos aprendido a reconocer y cuáles hemos terminado normalizando? ¿Qué personas y comunidades hacen posible que, a pesar de las dificultades, los procesos educativos continúen?
Estas preguntas acompañaron el proceso de IndignAcción 2026, que durante agosto movilizó a las juventudes de Fe y Alegría en distintos territorios. En Colombia, la iniciativa, que cuenta con once años de trayectoria de movilización juvenil, puso el foco en las violencias visibles e invisibles que afectan los procesos educativos y en las comunidades que, frente a ellas, sostienen el aprendizaje y la vida.
La reflexión desarrollada durante el mes permitió ampliar la manera de comprender las violencias que afectan la educación. No se trata únicamente de aquellas situaciones que tienen un rostro evidente. También existen condiciones que, aunque muchas veces se presentan como circunstancias inevitables, pueden convertirse en barreras para permanecer y aprender.

La pobreza, la discriminación, la falta de oportunidades, las brechas digitales, el miedo o determinadas prácticas normalizadas pueden limitar las posibilidades educativas de niñas, niños y jóvenes. Reconocerlas como parte de las realidades que afectan el derecho a aprender implica dejar de asumirlas como hechos aislados o inevitables y comenzar a preguntarse por sus causas y por las posibilidades de transformarlas.
Pero la reflexión de las juventudes no se quedó únicamente en aquello que expulsa. También permitió reconocer a las personas, vínculos y comunidades que sostienen: familias, docentes, jóvenes, organizaciones y redes que acompañan, cuidan y generan alternativas para que los procesos educativos continúen.
Este proceso tuvo una expresión concreta el 29 de agosto, con el 29A, jornada nacional de acciones de IndignAcción 2026.
La movilización se desarrolló en diferentes regiones del país, en centros educativos, hogares infantiles y espacios comunitarios de Fe y Alegría. Cada territorio construyó sus propias formas de participación a partir de lo trabajado durante agosto: marchas, ferias, intervenciones artísticas, foros, conversatorios, exposiciones y otras acciones de apropiación del espacio público. Así, el 29A no fue una actividad independiente. Fue el momento en que las preguntas construidas en los espacios educativos y comunitarios salieron al territorio y se transformaron en expresiones de participación e incidencia.
Una causa compartida, distintas realidades
La experiencia de Colombia hizo parte de una iniciativa articulada con la Red Generación 21+ de la Federación Internacional de Fe y Alegría, en la que las juventudes de distintos países abordaron el derecho al aprendizaje desde sus propios contextos. Las reflexiones muestran que no existe una única barrera para aprender ni una única manera de defender la educación.
En Brasil, las juventudes señalaron que el derecho al aprendizaje está estrechamente relacionado con las condiciones que ofrecen las escuelas y los territorios. Entre las situaciones que identificaron estuvieron las dificultades de infraestructura escolar, la calidad de la alimentación, las metodologías poco atractivas, la falta de escucha, el acoso escolar y la escasez de oportunidades para participar.
Al mismo tiempo, reconocieron aquello que hace una diferencia en sus experiencias educativas: educadores comprometidos, ambientes acogedores, actividades prácticas, deportivas y culturales y espacios donde pueden participar en la toma de decisiones. Para las juventudes rurales, además, la Educación del Campo, la Pedagogía de la Alternancia y la valoración de sus territorios fueron señaladas como elementos fundamentales para fortalecer el sentido de pertenencia y sus proyectos de vida.

Estas reflexiones muestran que garantizar el derecho a aprender no consiste únicamente en asegurar el acceso a una institución educativa. También implica crear condiciones dignas para permanecer, participar, sentirse valorado y encontrar sentido en lo que se aprende.
En República Dominicana, las juventudes también pusieron sobre la mesa las tensiones que atraviesan sus experiencias educativas. Una de las reflexiones recogidas expresa la preocupación por aquellos momentos en que el esfuerzo realizado no parece encontrar reconocimiento dentro del sistema educativo: “A veces uno se esfuerza mucho y no se ve reflejado en la nota, y entonces uno se pregunta si vale la pena esforzarse tanto”.
También señalaron dificultades para asistir regularmente a la escuela, relacionadas con el transporte y las distancias entre sus hogares y los centros educativos, así como la necesidad de contar con metodologías más dinámicas y participativas que conecten con las formas en que aprenden las nuevas generaciones.
Pero sus voces no se quedaron únicamente en las dificultades. Las juventudes destacaron el valor de contar con espacios como la Red Juvenil, donde pueden hablar, compartir ideas y construir propuestas colectivas. Una de las participantes lo expresó de manera contundente: estos espacios permiten demostrar que “la juventud tiene una voz que quiere ser escuchada”.
En ambos casos aparece una preocupación que trasciende las particularidades de cada territorio: las juventudes no quieren ser únicamente receptoras de decisiones educativas; quieren participar en ellas, ser escuchadas y aportar a la construcción de respuestas.
Las experiencias de los distintos países no buscan mostrar una realidad homogénea. Por el contrario, permiten reconocer que las barreras para aprender adoptan diferentes formas según cada territorio, pero también que existen puntos de encuentro: la necesidad de condiciones dignas, relaciones educativas más acogedoras, metodologías que despierten el interés, oportunidades reales de participación y comunidades capaces de acompañar las trayectorias educativas.
La indignación continúa
Para la Red de Juventudes de Fe y Alegría Colombia, el 29A no representa un punto final. El siguiente paso es recoger los aprendizajes, experiencias y compromisos surgidos en los territorios para continuar fortaleciendo los procesos de formación, acompañamiento e incidencia. Los productos, pronunciamientos y registros audiovisuales de la campaña harán parte de un fanzine nacional como memoria de las jornadas de IndignAcción 2026.
La experiencia deja una certeza: reconocer una problemática es solamente el primer paso. La transformación requiere organización, participación y capacidad colectiva para actuar sobre aquello que afecta la vida y el aprendizaje.
Desde Colombia y desde los distintos países que hacen parte de la Red Generación 21+, las juventudes muestran que defender el derecho a aprender también significa poder participar, ser escuchadas, contar con condiciones dignas y construir respuestas desde los territorios.
La indignación, entonces, no termina con una jornada de movilización. Continúa cuando las preguntas se convierten en organización, las voces en propuestas y las propuestas en acciones capaces de transformar las realidades.

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